Etapa difícil de los Yanquis

Si vamos a hablar de la dinastía de los Yankees de New York del período 1996-2001, uno de los primeros temas a destacar debe ser el cuadro de liderazgo que esos equipos tuvieron.
Trasladémonos a los acontecimientos que ocurrieron luego de que el equipo cayera derrotado en los playoffs de 1995 a manos de los Marineros de Seattle.
El dirigente Buck Showalter es despedido por diferencias con la oficina del equipo, el capitán de la escuadra Don Mattingly se retira y Joe Torre es nombrado nuevo dirigente.
El “respeto” que se le tenía en New York a las habilidades como capataz de Torre era tal que provocó titulares burlones tales como “Clueless Joe” de parte de los tabloides neoyorquinos. Algo así como “Joe el que no tiene ni idea”.
Sin embargo, Torre tuvo a su favor una serie de elementos que le permitieron demostrar sus cualidades reales para dirigir un equipo de béisbol. Uno de los más importantes fue la presencia de un núcleo veterano que suplió producción, actitud de equipo y liderazgo, creando una atmósfera de respeto a la autoridad y sacrificio de méritos individuales por el bien común.
Son ideales que los Yankees siempre han promovido y que con esa versión se cumplieron consistentemente. Fueron hombres como Paul O’Neill, Tino Martínez, David Cone y Bernie Williams, entre otros, los que encabezaron ese movimiento, sirviendo de modelos para jóvenes como Derek Jeter, Mariano Rivera y Andy Pettitte.
Torre también tuvo a su disposición una serie de jugadores que, luego de haber alcanzado el estrellato en otros escenarios, aceptaron disciplinadamente roles reducidos y así contribuyeron a los campeonatos de 1996, 1998, 1999 y 2000. De ese grupo, podemos citar a Tim Raines y Darryl Strawberry como los principales exponentes.
Noten que a raíz de la salida de Cone en 2000 y las de O’Neill y Martínez después de la derrota en la Serie Mundial de 2001, los Yankees tuvieron un período de ocho años sin ganar. A pesar de sus ilimitados recursos y grandes estrellas.
Menos de dos años después de la corona de 2009, los Yankees viven momentos de dificultad y de desafíos para el dirigente Joe Girardi por el natural descenso de algunas de sus principales figuras y una aparente ausencia de ese liderazgo constructivo.
Si hacemos memoria, puede que la franquicia del Bronx sea la que trata a sus figuras con más respeto y deferencia. Los ejemplos son numerosos: Joe DiMaggio, Mickey Mantle, Yogi Berra, Whitey Ford, Reggie Jackson y muchos más.
Los Yankees se aferran a sus ídolos. Tienen el dinero para hacerlo y la visión de que el llamado “star power” es un componente fundamental de su modelo de negocios.
El contrato de Jorge Posada, cuya actitud ha motivado esta entrega, es un buen ejemplo. Cuando los Mets se interesaron en los servicios del veterano catcher luego de la temporada de 2007, su equipo de toda la vida respondió con una oferta por cuatro años que lo convirtió en el mejor pagado de su posición en las Mayores.
El 2011 resulta ser ese último año de contrato que sólo los Yankees ofrecieron. El año en que hemos sido testigos de un nuevo rol para Posada (bateador designado) como consecuencia del deterioro de su defensa y el arranque de frustración del pasado sábado, cuando optó por no jugar al percatarse de que había sido colocado como noveno bateador en la alineación.
Independientemente de todas las explicaciones posteriores y el operativo de relaciones públicas que se montó para restarle importancia a la insubordinación de Posada, entendemos que esa fue la realidad. De cara a ese juego bateaba .165, el más bajo entre 193 bateadores que tenían las apariciones necesarias para optar por el título de bateo de la Liga Americana.
Si el status de Posada dentro del equipo fuera otro, es posible que ya no estuviera vistiendo el uniforme de rayas. Y es una situación que presenta una serie de interrogantes.
¿Significa un irrespeto cambiar de lugar en la alineación a un jugador estrella?
¿Hasta que punto la inconformidad de un otrora estelar al recibir un rol de menos importancia puede afectar la famosa “química” de un equipo y sabotear sus aspiraciones de éxito?
¿Se debe mantener en nómina a un veterano de una intachable hoja de servicios que de repente se convierte en problema por no entender que los años pasan y que las facultades se erosionan?
Son algunas de las preguntas que el gerente general Brian Cashman y Girardi deben responderse.
Cashman ha probado que no tiene temor de asumir el rol de malo de la película. Y esa es una buena noticia para los seguidores de los Yankees, ya que analizar la realidad de un equipo con el corazón solamente puede terminar aniquilándolo.
Cashman lo sabe, y ha demostrado que no tiene temor de herir sensibilidades por decir lo que piensa. Es la única forma de asegurarse que su equipo sea fuerte ahora, pero también en el futuro.

















